No vas a leer nada alucinante, ni un blog re divertido, ni reflexiones políticas o filosóficas.
Esto soy yo. Este es mi mundo.
Mi mundito y yo.
Pasá y cerrá la puerta, bienvenido.
Esto soy...

Un día como hoy... Hoy.

    Dicen por ahí, los hijos de los hijos de los nietos de quienes vivían hace mucho, que un día apareció -de la nada- una llama.
    Ellos tenían fuego y, como ahora, lo usaban para cocinar, para calentarse, para todo lo que ya sabemos.
    Pero esta llamita era rara. No era fuego común. No era grande -todo lo contrario- pero iluminaba a más de media Ciudad.
    Algunos trataban de no mirarla, pero era inevitable cruzarse con alguien cuya cara brillaba por el resplandor de ese fuego.
    Era linda, reconfortaba verla, sentirla, hablarla, escucharla.
    Pero había gente que se abusaba, la agrandaba más de lo que era.

Gente que sólo lo hacía para sacar algún rédito.
    Y así -cual teléfono descompuesto- de repente había gente que creía estar viendo un incendio y no lograba ver la llamita humilde que tenían enfrente.
    A muchos les pasó. Nos pasó.
    Era una llama, nada más. Y vimos más fuego que en el Sol.
Sin pensar llegamos a adorar esa locura en muy poquito tiempo.
    Nos iluminamos demasiado. Nos ilusionamos demasiado.
La Ciudad brilló toda la tarde. En cada cara, en cada palabra y en cada gesto.
    Pero el Viento, que siempre es el que tiene la última palabra, dijo NO. Hoy no. Ahora no. NO.
Sopló, sopló, sopló. No le costó nada. La llama se apagó en un segundo.
    Los ojos brillantes se volvieron vidriosos, las palabras se extinguieron con el fuego.
    El NO vació los corazones de todos los que estuvimos ahí.
    Sabemos que la llama va a volver, y no para ser una ilusión -como fue hoy- sino para quedarse. Para iluminar la Ciudad, para iluminarnos a cada uno de los que amamos esta locura que se llama Newell's Old Boys.


Va a volver, va a volver, Bielsa va a volver...

Allá en el Sur



Se reflejaban en el charco
Se miraban
Eran uno. Dos, pero uno
Eran uno en la montaña
En el charco de nieve derretida
En esa tierra, en ese frío


Porque allá, en el Sur, se puede ser dos 
Y ser uno.


Acá, en la ciudad, uno es uno 
Y dos son multitud.

Loco (I)

    
    De repente, se abrió la puerta de la habitación del técnico. Bielsa atravesó el lugar, se sentó frente a Gamboa mientras este seguía con la rutina del Mrs. Pacman y tuteándolo, por la confianza de los años vividos, le dijo:

    - ¿Cómo estás? ¿Tenés ganas de jugar?
    - ¡Estoy desesperado por jugar, profe! ¡Tengo unas ganas terribles!
    - ¿Te puedo hacer una pregunta?
Gamboa no abandonaba su mirada hacia la pantalla, lo cual generó el fastidio del técnico.
    - ¿Te puedo hacer una pregunta, o no?
    - ¡Sí, profe, digame!
    - ¡Pero no me estás entendiendo! ¡Dejá el juego y mirame!- lo conminó -. Decime Fernando, ¿qué das por ganar el partido de mañana?
    - ¡Todo, profe! Si usted me conoce a mí...
    - ¿Pero qué es todo?
    - Y... Si me tengo que tirar de cabeza, lo hago. Para mí mañana es la vida, es así de simple.
    - ¡Pero no! ¡Vos tenés que dar más! Pensá que tenés que dar más.
    - ¿Más? La verdad es que no lo entiendo.
    - ¡Más! ¡Tenés que dar más!- su enojo por no encontrar la respuesta esperada era evidente.
    - Profe... ¿más que eso? Trabar con la cabeza. Jugar cada pelota como la última. Apoyar al equipo y tratar de sacar la pelota bien desde abajo...
    - No... Te estoy pidiendo otra cosa. ¡No me entendés!
    - Y bueno, no sé, digame usted.
    - Para que vos te des una idea: nosotros tenemos cinco dedos en cada mano. Si a mí me prometen ahora que ganamos el clásico... ¡me corto un dedo!
    - Pero profe... ¡Cómo me va a decir eso! ¡¡Cómo que se va a cortar un dedo!!
    - Ya sé. Recién terminé de hablar a mi casa y mi señora me dijo lo mismo. Pero no importa, yo te digo que me corto un dedo.
    - Pero profe... cuando ganemos cinco clásicos se queda sin la mano.
    - ¡Me parece que vos no entendés un carajo de qué se trata todo esto!

(Frag. de La vida por el fútbol. Román Iucht. 
Ed. Sudamericana. 2010)



















Loco divino, ¿dónde estás? Yo sé muy bien que al Parque vas a regresar. Toda tu gente esperá por vos, para que vuelvas...