No vas a leer nada alucinante, ni un blog re divertido, ni reflexiones políticas o filosóficas.
Esto soy yo. Este es mi mundo.
Mi mundito y yo.
Pasá y cerrá la puerta, bienvenido.
Esto soy...

Cuidame...


No maltrates nunca mi fragilidad,
Pisaré la tierra que tú pisas.
No maltrates nunca mi fragilidad,
Soy la fortaleza de mañana.

 

2/4/1982 - 2/4/2011

 
Aquel 2 de abril comenzó la guerra
con 18 años fuimos a luchar
a Margaret Tatcher se le caía el gobierno
y las Islas Malvinas le cayeron del cielo

Un león bien armado defendía su imperio
nuestros pibes descalzos y en medio del desierto
los fusiles no andaban, las cosas no llegaban
y Galtieri chupaba otro whisky más

Perdimos tantas vidas por un par de islas
firmando decretos de amnesia general
la 'mano de Dios' no apagó mi dolor
la guerra del olvido fue la que nos mató
la 'mano de Dios' no apagó mi dolor
gritan los antiheroes del '82

Y un arbitro yanqui dirige el partido
con la camiseta del pirata inglés
pero esto no es todo mis queridos amigos
con la número 9 Augusto Pinochet
 
 
No creo que hoy sea un día para decir ''vamos loco, las Malvinas son argentinas''. No, no creo. 
Lo son, no lo son. No sé. Tampoco sé si me importa demasiado.
Lo que sé es que el 2 de abril, para mí, no tiene que ver con de quién mierda son las Islas.
Tiene que ver con recordar a los cientos de pibes que murieron allá.
Pibes, hombres, todos.
Tiene que ver con darle todo el apoyo a los que volvieron con 'vida' de las Malvinas, por más que ya hayan pasado 29 años casi sin amparo del Estado.
Tiene que ver con recordar, con reflexionar, con REPUDIAR.
Tiene que ver con gritar, una vez más, igual que el 24/3...
¡¡¡NUNCA MÁS!!!

Galeano (II)


Orlando Goicoechea reconoce las maderas por el olor, de qué árboles vienen, qué edad tienen, y oliéndolas sabe si fueron cortadas a tiempo o a destiempo y les adivina los posibles contratiempos.

Él es carpintero desde que hacía sus propios juguetes en la azotea de su casa del barrio de Cayo Hueso. Nunca tuvo máquinas ni ayudantes. A mano hace todo lo que hace, y de su mano nacen los mejores muebles de La Habana: mesas para comer celebrando, camas y sillas que te da pena levantarte, armarios donde a la ropa le gusta quedarse.

Orlando trabaja desde el amanecer. Y cuando el sol se va de la azotea, se encierra y enciende el video. Al cabo de tantos años de trabajo, Orlando se ha dado el lujo de comprarse un video, y ve una película tras otra.

­No sabía que eras loco por el cine ­le dice un vecino.

Y Orlando le explica que no, que a él el cine ni le va ni le viene, pero gracias al video puede detener las películas para estudiar los muebles.

(Eduardo Galeano, "El Carpintero")













(Gracias Eduardo... Nada más, gracias.)